Poesías...
Página 2 de 3. • Compartir •
Página 2 de 3. •
1, 2, 3 
Re: Poesías...
Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Gutierre de Cetina
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuanto más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.
Gutierre de Cetina

Elefante- Cantidad de envíos: 982
Fecha de inscripción: 02/12/2009
Re: Poesías...
¿ Tú conoces al "Piyayo",
un viejecillo renegro, reseco y chicuelo;
la mirada de gallo
pendenciero
y hocico de raposo
tifioso...,
que pide limosna por "tangos"
y maldice cantando "fandangos"
gangosos...?
¡A chufla lo toma la gente,
y a mí me da pena
y me causa un respeto imponente!
Ata a su cuerpo una guitarra,
que chilla como una corneja
y zumba como una chícharra
y tiene arrumacos de vieja
pelleja.
Yo le he visto cantando,
babeando
de rabia y de vino
bailando
con saltos felinos,
tocando, a zarpazos,
los acordes de un viejo "tangazo":
Y el endeble "Piyayo" jadea,
y suda..., y renquea,
y, a sus contorsiones de ardilla,
hace son la sucia calderilla.
¡A chufla lo toma la gente!
A mi me da pena
y me causa un respeto imponente.
El Piyayo, fue un famoso mendigo que hubo en Málaga, del cual aun quedan gente que le recuerda. Jose Carlos de Luna escribio esta poesia.
un viejecillo renegro, reseco y chicuelo;
la mirada de gallo
pendenciero
y hocico de raposo
tifioso...,
que pide limosna por "tangos"
y maldice cantando "fandangos"
gangosos...?
¡A chufla lo toma la gente,
y a mí me da pena
y me causa un respeto imponente!
Ata a su cuerpo una guitarra,
que chilla como una corneja
y zumba como una chícharra
y tiene arrumacos de vieja
pelleja.
Yo le he visto cantando,
babeando
de rabia y de vino
bailando
con saltos felinos,
tocando, a zarpazos,
los acordes de un viejo "tangazo":
Y el endeble "Piyayo" jadea,
y suda..., y renquea,
y, a sus contorsiones de ardilla,
hace son la sucia calderilla.
¡A chufla lo toma la gente!
A mi me da pena
y me causa un respeto imponente.
El Piyayo, fue un famoso mendigo que hubo en Málaga, del cual aun quedan gente que le recuerda. Jose Carlos de Luna escribio esta poesia.
_________________
Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros....

vickinga- Cantidad de envíos: 701
Fecha de inscripción: 02/11/2009
Re: Poesías...
Yo recuerdo escuchar hablar del Piyayo, e incluso también le hicieron un chiste por lo conocido que era. 
_________________

"Caminante no hay camino, el camino se hace al andar...( Antonio M.)"
http://www.youtube.com/watch?v=55trdr0ZQY8

Milno- Mil y màs

- Cantidad de envíos: 1430
Fecha de inscripción: 08/10/2009
Edad: 26
Re: Poesías...
Cierto 1983. En realidad la poesía es mucho más larga, pero solo puse un fragmento. Mi abuelo salía leerla y la verdad es que me trae muchos recuerdos...El piyayo era una abuelo luchador, tuvo que sacar adelante a sus nietecillos con las calderillas que ganaba tocando su vieja guitarra.
_________________
Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros....

vickinga- Cantidad de envíos: 701
Fecha de inscripción: 02/11/2009
Re: Poesías...
Unos versos de Rafael Alberti...
Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados.
Pórticos de limones, desviados
por el canal que asciende a tu garganta.
.............................
Subes del mar, entras del mar ahora.
Mis labios sueñan ya con tus sabores.
Me beberé tus algas, los licores
de tu más escondida, ardiente flora.
Conmigo no podrá la lenta aurora,
pues me hallará prendido a tus alcores,
resbalando por dulces corredores
a ese abismo sin fin que me devora.
Ya estás del mar aquí, flor sacudida,
estrella revolcada, descendida
espuma seminal de mis desvelos.
Vuélcate, estírate, tiéndete, levanta,
éntrate toda entera en mi garganta,
y para siempre vuélame a tus cielos.
Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados.
Pórticos de limones, desviados
por el canal que asciende a tu garganta.
.............................
Subes del mar, entras del mar ahora.
Mis labios sueñan ya con tus sabores.
Me beberé tus algas, los licores
de tu más escondida, ardiente flora.
Conmigo no podrá la lenta aurora,
pues me hallará prendido a tus alcores,
resbalando por dulces corredores
a ese abismo sin fin que me devora.
Ya estás del mar aquí, flor sacudida,
estrella revolcada, descendida
espuma seminal de mis desvelos.
Vuélcate, estírate, tiéndete, levanta,
éntrate toda entera en mi garganta,
y para siempre vuélame a tus cielos.
Invitado- Invitado
Re: Poesías...
Unos bonitos versos de Rubén Darío...
En las pálidas tardes
me cuenta un hada amiga
las historias secretas
llenas de poesía;
lo que cantan los pájaros,
lo que llevan las brisas,
lo que vaga en las nieblas,
lo que sueñan las niñas.
...Y a dormir.
En las pálidas tardes
me cuenta un hada amiga
las historias secretas
llenas de poesía;
lo que cantan los pájaros,
lo que llevan las brisas,
lo que vaga en las nieblas,
lo que sueñan las niñas.
...Y a dormir.
Invitado- Invitado
Re: Poesías...
Marnie, cuando tenía tu edad, me encantaba este poema:
Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,
si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
Francisco Luis Bernárdez
Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,
si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
Francisco Luis Bernárdez
Última edición por Asiak el Sáb Jun 12, 2010 1:08 am, editado 1 vez

Asiak- omnipresente

- Cantidad de envíos: 2982
Fecha de inscripción: 09/10/2009
Re: Poesías...
Asiak, no había visto ese poema que pusiste, es precioso.
LA CANCIÓN DEL INVIERNO.
Llueve. Negras nubes cubren el cielo azul y ocultan el sol, la luz, que, iluminando y calentando los cuerpos, calienta e ilumina las almas.
Hace frío; hay oscuridad. También hay frío en el corazón y nieve en el alma.
El invierno crudo, con sus nieves y el cierzo que azota, marchita las flores.
En invierno, los días son oscuros como las noches.
En el sepulcro reina la eterna noche.
Cuando hay dulce tristeza, se duerme, y entonces se sueña y son rosados los sueños.
En la tumba, donde también se duerme, ¿como serán, ¡oh Dios!, los sueños? Cuando se despierta, se sonríe al recuerdo de las delicias que vimos en el reposo. Luego, se frunce el ceño y se nubla la frente, estamos junto a la realidad, los sueños fueron sueños nada más.
En la tumba, ¿no hay despertar? ¿No vienen tras forjadas ilusiones, hirientes realidades? ¿No habrá perfumes de flores, brillo de estrellas, luz de aurora, risas angélicas, calor celestial en el espíritu? ¡Oh!, las almas no tienen, de seguro, nieblas invernales, flores marchitas, nubes que oculten los luceros, borrascas que despedacen las barquillas, espinas ni dardos para el corazón, ni zarzas que arranquen las plumas de sus palomas inocentes.
En el mundo, después de la tibieza del sol en el día y los resplandores plateados de la luna, los rayos luminosos de las estrellas y los dulces rumores en las noches de la primavera y el estío, viene el invierno. ¡El invierno que da frío y que marchita las flores y las ilusiones y con ellas la vida!
El invierno es triste, es sombrío para los que no tienen calor que conforte el cuerpo y alegres ilusiones que animen el alma.
Pero bendito eres, viejo invierno, cuando se oye caer la lluvia con lentitud, y la niebla densa nos rodea, y el frío llega con esa perezosa indolencia que nos invade, en tanto que, envueltos en suaves pieles, sentimos la luz que a la naturaleza falta, en el alma, y la primavera que se aleja, en el corazón.
Oímos cantar a los pájaros, zumbar las abejas, mecerse en su tallo, graciosas, las azucenas, aspiramos el perfume de los heliotropos y los jazmines, escuchamos el rumor de la brisa en los altos árboles y vemos el rocío perlado que humedece la verde grama. Todo eso, dentro del corazón.
¿Hay nieve?
¡Bien venida! ¡Cómo se va a blanquear esa lluvia de plumas de cisne!
¿Hay frío?
No se siente; dentro del pecho hay una hoguera que da vida, calor, luz.
¿Está todo mustio, marchitas las rosas, sin hojas los árboles?
El alma está sonriendo. Allí hay flores cuyo perfume embriaga, allí nacen, crecen y son bellas, divinas plantas, hay allí música, armonía, versos, que animan, mientras con los ojos medio cerrados soñamos y alcanzamos ver, tras el manto gris del cielo, el rosa y azul de la aurora, con su sonrisa cepuscular.
Hace frío y llueve y nieva. Al teatro, al baile, donde mil y mil luces brillan. En las chimeneas arde el fuego; la música vibra triunfante, y en medio de las risas juguetonas , se bailan los valses que dan vértigo, en tanto que las ilusiones vuelan y giran como locas mariposas. Los ojos brillan negros y profundos unos, azules y tiernos otros, y los labios rosados se agitan murmurando las dulces palabras. Y se oye caer la lluvia, y a la luz de los faroles se ve la nieve como una sábana de plata, y se dice en tanto:
-¡Qué bello! Sí, es muy bello así el invierno.
Qué horrible cuando se siente en el corazón y reina en el alma, y nos trae el frío que mata. Pasa y vuelve la primavera, y él aún no se aleja.
Pero cuando las rosas no se marchitan y las mariposas no dejan de volar, en el jardín del ensueño, es hermoso ver blanquear los techos, ver los árboles sin hojas y el cielo plomizo. Alegre, acaricia el oído el ruido acompasado de la lluvia.
¡Bendito seas, viejo invierno!
Rubén Darío.
LA CANCIÓN DEL INVIERNO.
Llueve. Negras nubes cubren el cielo azul y ocultan el sol, la luz, que, iluminando y calentando los cuerpos, calienta e ilumina las almas.
Hace frío; hay oscuridad. También hay frío en el corazón y nieve en el alma.
El invierno crudo, con sus nieves y el cierzo que azota, marchita las flores.
En invierno, los días son oscuros como las noches.
En el sepulcro reina la eterna noche.
Cuando hay dulce tristeza, se duerme, y entonces se sueña y son rosados los sueños.
En la tumba, donde también se duerme, ¿como serán, ¡oh Dios!, los sueños? Cuando se despierta, se sonríe al recuerdo de las delicias que vimos en el reposo. Luego, se frunce el ceño y se nubla la frente, estamos junto a la realidad, los sueños fueron sueños nada más.
En la tumba, ¿no hay despertar? ¿No vienen tras forjadas ilusiones, hirientes realidades? ¿No habrá perfumes de flores, brillo de estrellas, luz de aurora, risas angélicas, calor celestial en el espíritu? ¡Oh!, las almas no tienen, de seguro, nieblas invernales, flores marchitas, nubes que oculten los luceros, borrascas que despedacen las barquillas, espinas ni dardos para el corazón, ni zarzas que arranquen las plumas de sus palomas inocentes.
En el mundo, después de la tibieza del sol en el día y los resplandores plateados de la luna, los rayos luminosos de las estrellas y los dulces rumores en las noches de la primavera y el estío, viene el invierno. ¡El invierno que da frío y que marchita las flores y las ilusiones y con ellas la vida!
El invierno es triste, es sombrío para los que no tienen calor que conforte el cuerpo y alegres ilusiones que animen el alma.
Pero bendito eres, viejo invierno, cuando se oye caer la lluvia con lentitud, y la niebla densa nos rodea, y el frío llega con esa perezosa indolencia que nos invade, en tanto que, envueltos en suaves pieles, sentimos la luz que a la naturaleza falta, en el alma, y la primavera que se aleja, en el corazón.
Oímos cantar a los pájaros, zumbar las abejas, mecerse en su tallo, graciosas, las azucenas, aspiramos el perfume de los heliotropos y los jazmines, escuchamos el rumor de la brisa en los altos árboles y vemos el rocío perlado que humedece la verde grama. Todo eso, dentro del corazón.
¿Hay nieve?
¡Bien venida! ¡Cómo se va a blanquear esa lluvia de plumas de cisne!
¿Hay frío?
No se siente; dentro del pecho hay una hoguera que da vida, calor, luz.
¿Está todo mustio, marchitas las rosas, sin hojas los árboles?
El alma está sonriendo. Allí hay flores cuyo perfume embriaga, allí nacen, crecen y son bellas, divinas plantas, hay allí música, armonía, versos, que animan, mientras con los ojos medio cerrados soñamos y alcanzamos ver, tras el manto gris del cielo, el rosa y azul de la aurora, con su sonrisa cepuscular.
Hace frío y llueve y nieva. Al teatro, al baile, donde mil y mil luces brillan. En las chimeneas arde el fuego; la música vibra triunfante, y en medio de las risas juguetonas , se bailan los valses que dan vértigo, en tanto que las ilusiones vuelan y giran como locas mariposas. Los ojos brillan negros y profundos unos, azules y tiernos otros, y los labios rosados se agitan murmurando las dulces palabras. Y se oye caer la lluvia, y a la luz de los faroles se ve la nieve como una sábana de plata, y se dice en tanto:
-¡Qué bello! Sí, es muy bello así el invierno.
Qué horrible cuando se siente en el corazón y reina en el alma, y nos trae el frío que mata. Pasa y vuelve la primavera, y él aún no se aleja.
Pero cuando las rosas no se marchitan y las mariposas no dejan de volar, en el jardín del ensueño, es hermoso ver blanquear los techos, ver los árboles sin hojas y el cielo plomizo. Alegre, acaricia el oído el ruido acompasado de la lluvia.
¡Bendito seas, viejo invierno!
Rubén Darío.
Invitado- Invitado
Re: Poesías...
POEMA DE LOS DONES
Jorge Luis Borges
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.
Jorge Luis Borges
Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.
De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden
las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.
De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.
Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.
Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.
Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.
Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.
¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?
Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido.

Chinasa- Cantidad de envíos: 755
Fecha de inscripción: 12/10/2009
Re: Poesías...
Impresionante poesía de un Borges enamorado.
El
amenazado
Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el
áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena
amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de
mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por
las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
El
amenazado
Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir.
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la única.
¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de las letras,
la vaga erudición, el aprendizaje de las palabras que usó el
áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas, la serena
amistad, las galerías de la biblioteca, las cosas comunes,
los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra militar de
mis muertos, la noche intemporal, el sabor del sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre se
levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que miran por
las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu voz,
la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esta habitación es irreal; ella no la ha visto.)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.
_________________
Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado. Y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada


Curtin- Cantidad de envíos: 995
Fecha de inscripción: 12/11/2009
Edad: 65
Re: Poesías...
II
Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..
No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.
No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.
Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.
Miguel Hernández
Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..
No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.
No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.
Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.
Miguel Hernández

Asiak- omnipresente

- Cantidad de envíos: 2982
Fecha de inscripción: 09/10/2009
Re: Poesías...
Ayer hablando con mi sobrino, tiene 7 años, le pregunté que tal se lo había pasado en el parque. Me respondió con una frase escueta, mientras se bebía un vaso de agua, para sofocar el acaloramiento de estar toda la tarde jugando.
Más que una frase fue como un poema japonés haiku, me quedé maravillado de la forma en que describió escuetamente un sentimiento, algo que podría aplicarse a casi todas las cosas que nos llegan en la vida, y aun me río solo, cada vez que la recuerdo, me dijo:
“Estuve jugando en el parque; llegó un perro, le puse de nombre Henry; se marchó y entonces le llamé olvido”.
Más que una frase fue como un poema japonés haiku, me quedé maravillado de la forma en que describió escuetamente un sentimiento, algo que podría aplicarse a casi todas las cosas que nos llegan en la vida, y aun me río solo, cada vez que la recuerdo, me dijo:
“Estuve jugando en el parque; llegó un perro, le puse de nombre Henry; se marchó y entonces le llamé olvido”.
Última edición por nobody el Miér Jun 30, 2010 5:13 pm, editado 1 vez
nobody- Cantidad de envíos: 316
Fecha de inscripción: 17/03/2010
Re: Poesías...
nobody escribió:Ayer hablando con mi sobrino, tiene 7 años, le pregunté que tal se lo había pasado en el parque. Me respondió con una frase escueta, mientras se bebía un baso de agua, para sofocar el acaloramiento de estar toda la tarde jugando.
Más que una frase fue como un poema japonés haiku, me quedé maravillado de la forma en que describió escuetamente un sentimiento, algo que podría aplicarse a casi todas las cosas que nos llegan en la vida, y aun me río solo, cada vez que la recuerdo, me dijo:
“Estuve jugando en el parque; llegó un perro, le puse de nombre Henry; se marchó y entonces le llamé olvido”.
Muy bueno
Saludos
_________________

"Caminante no hay camino, el camino se hace al andar...( Antonio M.)"
http://www.youtube.com/watch?v=55trdr0ZQY8

Milno- Mil y màs

- Cantidad de envíos: 1430
Fecha de inscripción: 08/10/2009
Edad: 26
Página 2 de 3. •
1, 2, 3 
Permiso de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.




